“Las filas en los hospitales no existirán más”, dijo una vez aquella ministra de risa dulzona. Eso recuerda una viejecita, luego de tres horas en esa eterna cola, en el consultorio Miraflores.
Es un cuarto para las ocho y la pequeña ventanilla esta más cerca. Su vista se detiene en la televisión. Aquella agradable ministra aparece en la pantalla. Habla desde La Moneda y luce la banda presidencial. La viejecita no puede evitar una sonora carcajada. Una niña que esta cerca piensa que la viejecita esta loca. La viejecita se pregunta si el mundo esta mal o la loca es ella.
Es un cuarto para las ocho y la pequeña ventanilla esta más cerca. Su vista se detiene en la televisión. Aquella agradable ministra aparece en la pantalla. Habla desde La Moneda y luce la banda presidencial. La viejecita no puede evitar una sonora carcajada. Una niña que esta cerca piensa que la viejecita esta loca. La viejecita se pregunta si el mundo esta mal o la loca es ella.
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