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martes, 18 de marzo de 2014

Solo entre tanta gente - 5






- A sí que tú eres el hijo…
- Si pues, yo soy…
- Ufff… no sé qué decir… todo eso pasó hace tanto tiempo
- Mire, no se preocupe, mi única intención es hablar con usted, conversar y preguntarle algunas cosas… nada más.
- Siempre que viajaba al sur y pasaba por ahí me preguntaba por el hijo que tenía por ahí, dónde estará, dónde vivirá…
- No sé si tiene tiempo ahora para conversar…
- Uuuuyyy, ahora estoy con clases. Tengo que volver pronto. Cómo lo podemos hacer. Mira, nos podemos juntar en la noche… no sé hasta cuando te quedas…
- Si, podríamos juntarnos en la noche, no hay problema…
- Mira, juntémonos a las ocho en la plaza de Los Ángeles…
- A las ocho en la plaza?, ok, ningún problema. Yo lo espero a las ocho en la plaza entonces
- Nos vemos más rato entonces

- Nos vemos.

jueves, 21 de marzo de 2013

Solo entre tanta gente (2)



Juvenil Obrero está a 15 kilómetros de Yumbel. Viajo en un pequeño minibús. El sol golpea más que nunca y el viento parece no existir. En la pequeña localidad no se ve gente en las calles, parece un pueblo fantasma.

 

Es febrero. El único liceo del pueblo está cerrado. Un grupo pequeño de alumnos juega en el patio, pero sólo eso, no hay clases, sólo el almuerzo.

 

En el trayecto me encuentro con una mujer que camino en dirección al liceo. Le preguntó si conoce a un profesor que se llama igual que yo. Me dice que sí. “claro, si yo trabajé con él varios años, yo soy profesora y me jubilé el año pasado. Ahora no está eso sí, porque no hay clases, pero yo tengo su número de teléfono en la casa”, me dice la señora.

 

Quedo petrificado. No sé qué decir. La acompaño a su casa que está casi al frente del liceo. Entra a buscar una libreta. Antes de darme el número me pregunta que quién soy yo y por qué busco al profesor. “Soy un pariente que no ve hace años. Vengo a verlo de sorpresa”, digo. “Pariente y no sabe dónde vive”, me responde.

 

La señora se relaja. Me cuenta que el profesor es buena para la música y los instrumentos. “Cualquier instrumento que le pasen, él lo toca altiro, sabe harto de música”. Me cuenta que dos de los hijos del profesor chocaron hace unos días cerca de Cabrero y uno quedó grave en el hospital.

 

De repente la señora se detiene y me mira nuevamente. “Usted se parece harto al profesor, tiene la misma cara. Él es alto como usted, aunque más gordito”, dice. Quedo helado de nuevo. Contengo la respiración. Intento controlarme y no demostrar mis nervios.

 

Anoto el número que me da, le agradezco y me voy. Llegó a la salida del pueblo y espero el minibús para regresar a Yumbel. Le doy vuelta a todo. Me siento más solo que nunca. No resisto. Lloro como nunca. Lloro de tristeza. Lloro de soledad.

 

El maldito minibús se demora mucho y mi tristeza se hace más grande.