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jueves, 25 de junio de 2015

Buscando a Bastián



El Bastián se perdió un sábado. Lo busqué en el centro. Lo esperé en Ahumada con Moneda, pero nunca llegó. Salí el domingo a buscarlo al Parque Forestal. Nadie sabía nada. Nadie había visto al “guatón” de los cd’s. Me dolió ver su foto en el diario el jueves. No merecía morir quemado. A veces paso por fuera de la cárcel de San Miguel. A veces me bajo de la micro y espero que salga. Aún sigo esperando justicia.


El Mercurio – Santiago (08 de diciembre de 2010).- Conmocionados estaban los familiares de Bastián Arriagada, el joven de 22 años que este miércoles falleció en el voraz incendio registrado en la cárcel de San Miguel.

Esta víctima cumplía una pena de 61 días de cárcel por vender discos pirata en el centro de San Bernardo y salía del penal el próximo 11 de enero.

jueves, 18 de diciembre de 2014

La Lunita se cree grande



“La Lunita se cree grande, pero cuando sale a la calle siempre la están mirando. Los viernes en la tarde salimos las dos al patio. La Lunita corre sin parar y salta muy alto. A veces se esconde entre el pasto y me cuesta encontrarla. Aunque no me puede hablar, yo le entiendo todo. Incluso me doy cuenta cuando se enoja porque la quieren entrar. Los sábados le compró un “rico” y se lo echo en su platito. La miro mientras come. Sé que es feliz, pero es más feliz cuando yo la vengo a ver. Mis papás dicen que es solo una gatita. Yo sé que no. La Lunita es mi hermanita chica”. 

viernes, 25 de abril de 2014

Solo entre tanta gente - 6




“Faltan quince minutos para las ocho y espero sentado en una banca frente a un monumento en la plaza de Los Ángeles. El hombre, el profesor, el desconocido, mi padre debe estar por llegar. Jamás he dudado de que vaya a fallar. Sé que va a llegar. Sabe que sólo necesito conversar y aclarar dudas. Sólo esta ocasión y desapareceré para no volver jamás. Mi única intención es alejar fantasmas y cerrar para siempre esa puerta.

A las ocho de la noche llega aquel hombre que tanto imaginé e idealicé. Se sienta a mi lado en la banca e intentamos ponernos al día. Nos contamos sobre nuestras vidas, un repaso rápido. Me cuenta que pasa por un mal momento con su esposa. Una crisis. Me agradece que todo lo que hice por ubicarlo, fuera así, de bajo perfil, sin tanto ruido. – Que aparezca un hijo ahora, de 33 años, sin que nadie haya sabido antes, es para que me echen de la casa altiro…

Me habla de sus hijos y del poco respeto que le tienen. De su hijo universitario que se llama igual que yo. Jamás supo el nombre que mi madre me puso, por eso hay dos hijos con el mismo nombre. Esa es una primera interrogante resuelta.

Se acuerda de cuando conoció a mi madre. Tenía 17 años. Mi madre era un poco mayor. Ella trabaja como asesora del hogar en Los Ángeles. Él era solo un pendejo pasándolo bien. Se llevaban bien, me cuenta. Anduvieron juntos como un año. De repente llegué yo al mundo. Mi madre se fue de Los Ángeles. Cero apoyo. Él no tenía idea de qué hacer. Era sólo un cabro chico, dice. Asegura que intentó buscar a mi madre, pero que nadie le ayudó. No hubo forma de encontrarla y después dejó las cosas en manos de su padre, mi abuelo.

Soy el mayor de seis hermanos. Ninguno de los cinco sabe que existo siquiera. Me dice que está cansado de hacer clases, que hace rato perdió el amor por enseñar, por el aula, por los alumnos y que hoy busca un trabajo administrativo. Me habla de su afición por la música. De sus escapes cuando era chico. De lo controlado que lo tenía su padre. De algunas de sus aventuras amorosas.

Siento amargura. Tristeza. Es una decepción conocer a este hombre. Absolutamente normal, cansado, hastiado de vivir. Sin sueños. Marcando el paso. Sobreviviendo.

Esperaba un hombre esperanzado en un mundo mejor. Con ideales. Algo que me hiciera entender quién soy, hacia dónde voy, qué quiero de la vida y nada. Decepción absoluta.


Intercambiamos teléfonos y nos prometemos estar en contacto, o al menos vernos cuando él tenga algún viaje al sur. No hay nada, no habrá nada. Los dos lo sabemos, pero igual anotamos el número. 

martes, 18 de marzo de 2014

Solo entre tanta gente - 5






- A sí que tú eres el hijo…
- Si pues, yo soy…
- Ufff… no sé qué decir… todo eso pasó hace tanto tiempo
- Mire, no se preocupe, mi única intención es hablar con usted, conversar y preguntarle algunas cosas… nada más.
- Siempre que viajaba al sur y pasaba por ahí me preguntaba por el hijo que tenía por ahí, dónde estará, dónde vivirá…
- No sé si tiene tiempo ahora para conversar…
- Uuuuyyy, ahora estoy con clases. Tengo que volver pronto. Cómo lo podemos hacer. Mira, nos podemos juntar en la noche… no sé hasta cuando te quedas…
- Si, podríamos juntarnos en la noche, no hay problema…
- Mira, juntémonos a las ocho en la plaza de Los Ángeles…
- A las ocho en la plaza?, ok, ningún problema. Yo lo espero a las ocho en la plaza entonces
- Nos vemos más rato entonces

- Nos vemos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Sin homenajes


"Cuando dio la última orden al pelotón, se subió al camión e imaginó la calle que llevaría su nombre. Jamás pensó que nunca habría homenajes. Menos que ese nombre único y original terminaría en una portada de diario anunciando su suicidio. Algunos lo llamaban Reinaldo. La mayoría lo conoció por su nombre al revés". 


La Tercera – 28 de Septiembre de 2013 -  En su casa en la comuna de Las Condes, el ex director de la CNI Odlanier Mena se quitó la vida. De acuerdo a informaciones de Gendarmería, el hecho ocurrió en horas de esta mañana, en circunstancias que aún se desconocen. El imputado -compañero de cabaña del brigadier Pedro Espinoza Bravo- se encontraba gozando de un beneficio de salida de fin de semana desde las 18 horas del viernes hasta las 22 horas del domingo, por lo que tendría que haber retornado al centro penitenciario mañana por la tarde.

lunes, 5 de agosto de 2013

Solo entre tanta gente - 3

 Despierto tarde. Ayer me echaron del trabajo. El celular lleno de llamadas pérdidas. Algunos mensajes de texto. Ni una de esas llamadas es tuya. Sólo te dignaste a enviarte un mensaje y a suponer que no quiero hablar con nadie. No importa. Intento levantarme. Me cuesta un montón.

Abro la ducha, dejó correr el agua por varios minutos y enciendo el equipo. Algo de Faith No more para abrir los ojos. Voy a la cocina. Un poco de jugo de naranja y unas tostadas son suficientes para volver a la vida. Llamó al Rodolfo, mi amigo policía. Me dice que me espera en su oficina en media hora.

Le cuento que me echaron de la pega. Me dice que lo lamenta mucho, pero que sabe que vendrán tiempos mejores. Antes de seguir con palabras tristes, le pido ayuda. Quiero por fin conocer el rostro de mi padre. Ingresamos al sistema de identificación. Buscamos por el nombre. Hay al menos 20 hombres que se llaman igual. Vamos descartando por edad. Quedan 10. Descartamos a quienes no viven en la Octava Región. Sólo 2. Llegamos a un profesor. Vive en Juvenil Obrero.

“Aquí está la foto. Él es tu padre. Ven a conocerlo”, me dice el Rodolfo. Avanzo lentamente y me instalo frente a la pantalla del computador. Y entonces aparece la imagen. Por primera vez en mis 33 años el nombre de mi padre tiene un rostro. Se parece a mí. Es innegable.

Casado. Tres hijos en su matrimonio. Su esposa también es profesora. Dos hijos fuera del matrimonio. Yo ni siquiera existo en ese registro. Uno de sus hijos legales se llama igual que yo. Raro. Rarísimo. ¿Por qué decidió ponerle el mismo nombre?, ¿Por qué tener dos hijos con el mismo nombre?, pienso. Siento como si me hubieran dado un golpe en el estómago.


“Voy a ir a conocerlo. Total no tengo mucho que hacer en estos días”, le digo al Rodolfo. Anoto la dirección en un papel y lo guardo en la billetera. Me despido. Salgo de la oficina. Respiro hondo. Es difícil abrir una puerta que siempre estuvo cerrada. Es difícil más aún cuando a uno recién lo echaron de la pega.

martes, 16 de abril de 2013

Dios en mi jardín



 “… y después de cuarenta días y cuarenta noches de diluvio, la lluvia se detuvo.  Entonces en lo alto de la montaña apareció la señal: un hermoso arcoíris. 

Dios había hablado. Se comprometió a nunca más destruir a la humanidad con un diluvio. Siempre que volviera aparecer el arcoíris, sus hijos recordarían por siempre ese compromiso… “.

En eso pienso mientras riego el jardín y trato de recordar las leyes física que explican ese fenómeno. 


Me basta presionar la punta de la manguera y lograr el ángulo exacto de luz para que aparezca un pequeño arcoíris. Dios está en mi jardín cada vez que salgo a regar el pasto. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Solo entre tanta gente (2)



Juvenil Obrero está a 15 kilómetros de Yumbel. Viajo en un pequeño minibús. El sol golpea más que nunca y el viento parece no existir. En la pequeña localidad no se ve gente en las calles, parece un pueblo fantasma.

 

Es febrero. El único liceo del pueblo está cerrado. Un grupo pequeño de alumnos juega en el patio, pero sólo eso, no hay clases, sólo el almuerzo.

 

En el trayecto me encuentro con una mujer que camino en dirección al liceo. Le preguntó si conoce a un profesor que se llama igual que yo. Me dice que sí. “claro, si yo trabajé con él varios años, yo soy profesora y me jubilé el año pasado. Ahora no está eso sí, porque no hay clases, pero yo tengo su número de teléfono en la casa”, me dice la señora.

 

Quedo petrificado. No sé qué decir. La acompaño a su casa que está casi al frente del liceo. Entra a buscar una libreta. Antes de darme el número me pregunta que quién soy yo y por qué busco al profesor. “Soy un pariente que no ve hace años. Vengo a verlo de sorpresa”, digo. “Pariente y no sabe dónde vive”, me responde.

 

La señora se relaja. Me cuenta que el profesor es buena para la música y los instrumentos. “Cualquier instrumento que le pasen, él lo toca altiro, sabe harto de música”. Me cuenta que dos de los hijos del profesor chocaron hace unos días cerca de Cabrero y uno quedó grave en el hospital.

 

De repente la señora se detiene y me mira nuevamente. “Usted se parece harto al profesor, tiene la misma cara. Él es alto como usted, aunque más gordito”, dice. Quedo helado de nuevo. Contengo la respiración. Intento controlarme y no demostrar mis nervios.

 

Anoto el número que me da, le agradezco y me voy. Llegó a la salida del pueblo y espero el minibús para regresar a Yumbel. Le doy vuelta a todo. Me siento más solo que nunca. No resisto. Lloro como nunca. Lloro de tristeza. Lloro de soledad.

 

El maldito minibús se demora mucho y mi tristeza se hace más grande.





miércoles, 16 de enero de 2013

No es fácil ser agnóstico



La Paula me llamó como a las dos de la mañana. Alcanzó a decirme que su abuelo no resistió más en la clínica y se fue para siempre. ‘Nunca más lo voy a ver. Jamás. Se fue para siempre’, me dijo llorando pegada al teléfono.

Ahora la miro en la iglesia y el dolor no se detiene. Adelante están su hermana Camila y su mamá. Se ven muy tranquilas. Tristes, pero tranquilas. La Paula en cambio no para de llorar. Toda la tarde han tratado de calmarla, pero nada.

Su mamá le dice que esté tranquila, que tenga fe. Que recuerde que algún día se va a poder reunir con su abuelo en el cielo. Le pide que confíe en Dios y que le pida consuelo. La Paula sólo sonríe.

Sé que esas palabras no le sirven de nada. La Paula es agnóstica. No le ha contado a su madre. Sabe que ella se moriría de pena. Para la Paula su abuelo se fue para siempre. Tiene la certeza de que nunca más lo va a volver a ver. Siente que no hay nada más allá de la muerte y que eso del cielo y el infierno son sólo historias con buenas intenciones.  

La Paula se sienta junto a mí. La abrazo y le acarició el pelo. Esa es mi forma de consolarla. Ella no hace más que llorar. “No es fácil ser agnóstico”, me dijo una vez cuando conversamos sobre la fe. Recién ahora lo entiendo.


miércoles, 2 de enero de 2013

Ya - Parte 1




Ya pedí una segunda oportunidad y me dijeron que jamás habría un regreso
Ya me partieron el corazón
Ya lloré hasta sentir que las lágrimas no sirven para calmar el dolor
Ya conversé con Alberto Fuguet y le agradecí por mi motivación a leer  y escribir
Ya conocí a mi padre y comprendí que idealizar a alguien es un completo error
Ya tuve que presentar una renuncia “voluntaria” a un trabajo
Ya conocí y hablé con Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia
Ya vi el instante exacto en que un simple trabajador se convirtió en millonario
Ya cumplí el rol de padre y compartí una casa y fui familia por un año
Ya volví a creer de nuevo en el amor en pareja
Ya sentí que no me alcanzaron las palabras para decir cuanto amaba
Ya descendí a los infiernos y estoy de vuelta
Ya vi Volver al Futuro en el cine y en HD
Ya tuve mi primer contrato indefinido
Ya terminé de pagar mi crédito universitario

lunes, 27 de agosto de 2012

Fin de la memoria

Pasa que mi memoria está diseñada para registrar las humillaciones. Recuerdo con precisión cada una de las burlas recibidas. No importa que hayan pasado hace años o que ni siquiera te hayas dado cuenta, mi mente lo tiene consignado.

Fue un martes de septiembre del 97’. Caminamos por calle Bulnes y me dijiste que mi vida era inútil. “No te da vergüenza que tus papás tengan que gastar plata para comprarte cosas y tú no vales nada. Por qué no los dejas tranquilos. Evítales esa humillación”, fueron tus palabras.

Ayer no te escuché decir nada. Solo llorabas y pedías perdón. No sabías por qué ese cuchillo se hundía en tu pecho. Yo lo tenía claro. Siempre recuerdo las humillaciones. Sé que todas tendrán su fin. 

Radio Bio Bio (Tomé, mayo de 2012)   El fiscal jefe de Tomé, Rodrigo Bascuñán, formalizará la investigación en contra un imputado de 17 años, por el delito de homicidio ocurrido la noche del sábado, y que afectó a un joven de 22 años, identificado como Cristóbal Cuevas Díaz.

De acuerdo a la investigación dirigida por la Fiscalía, el crimen sucedió a eso de la 01:30 horas de la madrugada en la vía pública en Tomé, específicamente en calle Vicente Palacios, a la altura del 2000.

En ese lugar, y por razones que se indagan, el imputado con un cuchillo propinó una puñalada en el pecho a la víctima, causándole la muerte.





jueves, 9 de agosto de 2012

Felicidad express


La María llega siempre en los veranos, como a principios de febrero. Yo tomó el bus y me voy a Ercilla. En tres semanas jugamos con mi hermano Fernando y ella a que somos una familia feliz. Ella juega a que es una buena mamá.

Los regalos que nos trae desde Santiago nos hace olvidar el resto del año en que no sabemos nada de ella. Yo olvido sólo un rato. Para mi cumpleaños nunca recibo un llamado. A veces me llega una carta o una foto.

El Fernando no dice nada. Acepta todo de buena gana y se ríe. Juega con su camión rojo de bomberos y dice que se ve lindo con su chaleco verde con letras. Fernando es así. Se guarda todo. Algún día va a explotar.

La María nos quiere harto, se le nota, pero no es suficiente. No me alcanza con tres semanas en el año. No me alcanza para soñar. No me alcanza para creer que viene algo mejor.

“Y ustedes niños, ¿Qué quieren ser cuándo sean grandes?”, nos pregunta una señora mientras nos sentamos en una banca de la plaza. Fernando dice que quiere ser ingeniero. Yo digo que nada. ¿Pero como? si todos los niños quieres ser algo”, dice la señora. “Para que, si mi mamá no le importa, si está tan lejos y ni me llama en todo el año”, pienso. Ni siquiera soy capaz de decirlo.

martes, 12 de junio de 2012

Remember piola



"No debí haber venido a esta fiesta", pienso sentado en una esquina, cerca de la ventana. El alcohol ya me tiene mal, todo borroso, todo más lento. A esta hora puedo decirle que sí a todo. Incluso a la Paula. Hace un rato se acercó y me habló a la oreja. En quince minutos más nos vamos a ir a su depto. "Un remember piola", me dice. Su novio se fue a Santiago por una semana. A esta hora digo que sí a todo, sobre todo a la Paula.

Cuatro de la mañana. Hace rato que quedó la cagá. La Paula tomó mi celular y llamó a la Ale que aún me esperaba despierta en nuestra casa. "Adivina con quién estoy, adivina quién está conmigo en la cama ahora", creo que le dijo la Paula a la Ale usando mi celular. Fue como una venganza. Algo así.

Cinco de la mañana. La Ale llegó al depto de la Paula. Se vino en taxi. Me vino a quitar el auto. Es de ella, pero lo manejo yo. Salgo del depto e intento conversar con la Ale antes de que se vaya. !! Ándate a la mierda!!, me grita y acelera. La Paula me mira desde la puerta del depto y se ríe. Para ella es objetivo cumplido. Yo sólo tengo dos lecciones: menos copete cuando me encuentre a la Paula y obvio, los remember nunca son piolas...

martes, 22 de mayo de 2012

103 películas chilenas que he visto: Joven y Alocada




El desorden después del carrete. Muchos ebrios aún durmiendo en el living. En primer plano la protagonista se masturba sentada junto a su galán de turno. Él duerme y ni se da cuenta. Sexo, sexo, mucho sexo. Harto chiste contra la fe y los canutos.

A los cinco minutos una pareja que está cerca de nosotros se para y se va del cine. Miro a la Paula. No me dice nada. Después pienso si habrá sido bueno idea venir con la Paula a ver esta película. No es muy romántica, estamos claros, pero es entrete, divertida, directa.

A la media hora miro a la Paula. Está todo bien. Se ríe de las mismas tallas que me gustan a mí. Se queda pegada con los mismos diálogos a los que yo le pongo atención. Por eso la quiero. Por eso la invite. Le doy un beso. Me sonríe y entonces tengo la certeza de que aún tenemos un montón de películas que ver juntos.

Joven y Alocada Trailer

martes, 6 de marzo de 2012

En el escenario

Las luces se encienden y salgo al escenario. Dos mil volteretas, equilibrios mortales, ritmo frenético y para cerrar los palitroques danzando en llamas entre mis manos. El público estupefacto, no pueden siquiera aplaudir. Después el semáforo cambia a verde y los autos siguen su camino. Sólo $200 en esta pasada, la próxima salida al escenario será más gloriosa. Estoy seguro.

domingo, 4 de marzo de 2012

Cinco minutos

Esa sensación de que me hiciste el hombre más feliz de la tierra y también me hundiste en el infierno como a nadie... eso siento cuando te vuelvo a ver en ese restaurante cerca del terminal de buses. Te miro mientras comes tu arroz con bistec y bebes tu jugo de durazno. Demasiado para tu estómago pequeñito, pienso. Matías al frente feliz con su bistec con papas fritas. Estás apagada. Estás sin vida. Tu pelo es opaco. Estás muy lejos de la mujer que amé. Apenas me hablas vuelvo a recordar quien eres y porqué estoy en este restaurante. Solo para verte, aunque sea un momento, aunque sean cinco minutos, buscando algo de esa felicidad que me diste. Sé que no te das cuenta lo que significaste para mí. Si no hubiésemos compartido la vida esos dos años, hoy no tendría a que aferrarme para seguir viviendo.

sábado, 3 de marzo de 2012

Lo que quiero




La Paula llora y oculta su rostro con las manos. En el patio D de la universidad muchos se dan cuenta y me escupen con la mirada. 'Paula paremos esto ahora, siempre lo echo a perder todo y ya no hay vuelta. En serio, lo mejor que puedes hacer es tomar tus cosas y irte de vuelta a Temuco', le digo. Ella me mira con pena y se va. Después camine por Osorno hacia mi casa con amargura, con un dolor en el pecho que no me dejaba respirar bien. Me sentía terrible. Nunca sé lo que quiero, más bien sé lo que no quiero. Cuando regresé a mi casa encontré a la Paula sentada en la escalera, cerca de la puerta. Ese fue el instante en que supe que jamás la dejaría ir.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Viernes a la nueve




La Maite viene los viernes al departamento. Llega como a las nueve de la noche y casi siempre trae sushi. Le digo que es necesario, que no se moleste. Me dice que no importa, que le nace. Hace dos meses le explique que esto no podía seguir. Que ya la deje de querer, pero ella sigue viniendo. “Maite, se acabó”, le grité hace tres semanas. “No quiero mentirte, apareció alguien”, le volví a decir después. El viernes pasado la Maite no vino. Nada en el correo, cero mensajes al celular. Hoy es viernes. Falta poco para las nueve. Dos veces he creído escuchar que tocan el timbre.


Chilevisión (Puchuncaví, noviembre de 2011)
Se está desarrollando una desesperada búsqueda de una joven de 17 años en dicha localidad. El martes fue vista por última vez al salir de su práctica en el centro de la ciudad y la policía realiza intensos operativos para dar con su paradero.

lunes, 26 de diciembre de 2011

A veces





A veces me gusta jugar a que somos los de antes. Es un juego cruel, eso lo tengo claro. Sobretodo cuando camino de vuelta al departamento y el ruido de las micros me recuerda que sigo solo. A veces no quiero contestar el teléfono, pero mis ganas de verte y contarte sobre la última película con la que alucino son más fuertes. A veces te miro mientras almorzamos en el mall y pienso que esa mujer triste que está al frente no eres tú. A veces siento que aún estás allá en nuestra casa cerca del lago y que me esperas ansiosa. Un día voy a tomar el bus y voy a viajar sólo para abrir la puerta de esa casa y liberarte. A veces creo que jamás debí haberte dejado partir. A veces creo que nunca me voy a perdonar.